Historia antigua de Roma. Libros VII-IX by de Halicarnaso Dionisio

By de Halicarnaso Dionisio

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LIBRO VII 53 Después de esto, los cónsules convodei Senado. carón al Senado y examinaron con calma Expedición qué solución podía haber para la agitacontra ción del momento. Y decidieron, en pri­ zes anciates mer iUgar> ayudar a los plebeyos ponién­ doles los alimentos a precios muy bajos y ventajosos; en segundo lugar, convencer a sus cabecillas para que, como un favor, cesaran en su propósito y no llevaran a juicio a Marcio, y si no, para que lo pospusieran el mayor tiem­ po posible, hasta que la excitación de la multitud se apaci­ guara.

Y cuantos no conocen la experiencia de las des­ gracias civiles no es extraño que, por inexperiencia de estos males, ni se inquieten por las calamidades pasadas, ni im­ pidan con tiempo las futuras. Pero a cuantos, como vo­ sotros, estuvieron en los más graves peligros y se recon­ ciliaron con placer dando a los males la solución que el momento reclamaba, ¿qué pretexto verosímil o razonable les queda, si otra vez se meten en las mismas desgracias? ¿Hay alguno de vosotros que no lo considerara una gran insensatez y locura, pensando que poco antes, para que los plebeyos no se rebelaran, habíais soportado muchas exigen­ cias, algunas de las cuales no eran ni honrosas ni quizá ventajosas y, en cambio, ahora, cuando no tienen intención LIBRO VII 59 de dañar vuestros bienes ni vuestro prestigio ni ningún otro bien público ni ninguna otra cosa, vais a provocar una nueva guerra contra los plebeyos para dar gusto a los ma­ yores enemigos de la democracia?

Que sea para ti un ejemplo de equidad, cuya práctica te haría irreprocha­ ble ante tus conciudadanos, la actuación de estos hombres honestos, que, a pesar de ser un número tan grande como tú estás viendo ahora y de haber dado muestras, tanto en la paz como en la guerra, de tantas virtudes que no es fácil enumerar ni siquiera en muchísimo tiempo, venerables e importantes como eran, no presentaron ninguna decisión cruel y prepotente contra nosotros, insignificantes y humil­ des, sino que fueron ellos los primeros en iniciar el diálogo y ofrecer una reconciliación cuando la fortuna nos había separado a unos de otros, y consintieron en que los acuer­ dos se hicieran no como consideraban mejor para sí mis­ mos, sino como nosotros pedíamos; y, por último, pusie­ ron gran interés en justificarse por estos recientes conflictos debidos a la distribución del grano, de los que les hacía­ mos responsables.

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